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  INVESTIGACIóN
23-SEP-2010 | LOS FUNDAMENTOS DE LA OPINIóN PúBLICA EN MéXICO

Los mexicanos pueden dilucidar si están a favor o en contra de políticas públicas específicas a pesar de la escasa información e interés en los asuntos públicos. En este artículo explica las bases sobre las cuáles descansa la opinión pública mexicana.

Los fundamentos de la opinión Pública en México

Jorge Buendía, Buendía & Laredo.

Artículo preparado para su publicación en: Loaeza, Soledad y Jean-François Prud'homme (2010), XIV. Instituciones y Procesos Políticos.


Una constante en prácticamente todos los estudios sobre opinión pública realizados en democracias occidentales, incluyendo a México, es la escasa información e interés de la población sobre los asuntos públicos. Desde el clásico estudio de Philip Converse (1964) hasta nuestros días, el consenso es que los ciudadanos cuentan con poca información sobre los asuntos públicos, muchas veces tienen opiniones contradictorias y carecen de estabilidad en sus juicios (Glynn et al., 2004; Zaller, 1992). Como ha señalado Converse, “las dos verdades más simples que conozco sobre la distribución de información política en los electorados modernos es que el promedio es bajo y la varianza es grande” (citado por Althaus, 2003: 11).

Esta fotografía está lejos del ideal democrático pero es una visión realista e incluso, como sostiene Downs (1957), resulta racional invertir poco tiempo en la adquisición de información política. Así, en México, la población se caracteriza por un bajo nivel de información con relación a aspectos centrales de nuestro sistema político. Por ejemplo, sólo 40% sabe cuáles son los tres poderes de la federación, únicamente una de cada tres personas (32%) está enterada de qué partido tiene la mayoría en la Cámara de Diputados y sólo 35% sabe que los diputados duran tres años en sus puestos. Todo esto es reflejo de un bajo interés por la política: sólo 9% menciona que tiene mucho interés por la política, mientras que 65% afirma tener poco o nada de interés por ella (ENCUP, 2008).

Las cifras de participación electoral tampoco muestran a una población involucrada en la forma más básica de participación ciudadana: de 1997 a la fecha, la participación más alta ha sido de 64% en las elecciones presidenciales del 2000 (IFE, 2009). La asistencia a las urnas en comicios intermedios ya es inferior a la mitad de la población con derecho al voto: en 2009 votó 44.7% (IFE, 2009). En la medida en que la escolaridad influye en el interés por la política y en el conocimiento de los asuntos públicos, los datos son consistentes con una población cuyo nivel promedio de escolaridad es de sólo 8.1 años, equivalente a un poco más del segundo año de secundaria (INEGI, 2005).

A pesar de este panorama desolador, los mexicanos emiten opiniones sobre una gran variedad de temas y pueden dilucidar si están a favor o en contra de políticas públicas específicas. En este artículo explicaré las bases sobre las cuáles descansa la opinión pública mexicana. En especial, la identidad partidista y la evaluación gubernamental son los dos pilares que anclan y estructuran las opiniones ciudadanas. La relevancia de cada una de ellas depende de la naturaleza de los temas sobre los cuales la población se debe pronunciar.

Para ilustrar los argumentos y sostener las conclusiones de este artículo, analizaremos dos eventos centrales de la vida nacional en los años 2008 y 2009: 1) la reforma energética propuesta por el presidente Calderón, que finalmente fue aprobada, en versión modificada, por el Poder Legislativo en octubre de 2008, y 2) la respuesta gubernamental a la epidemia de influenza A H1N1 que azotó al país en abril y mayo de 2009. Los datos que utilizaremos provienen de dos encuestas nacionales realizadas por Buendía & Laredo S.C. La primera de ellas se realizó del 23 al 27 de julio de 2008 y la segunda del 8 al 12 de mayo de 2009. 

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